lunes, 28 de diciembre de 2009

VISIÓN NOCTURNA


Sale y agarra a las calles por la cintura sin miedo a que el mundo detenga sus giros, sin temerle a nada. La noche es su aliada, su compañera de correrías y junto a ella es capaz de doblar tejados y escalar esquinas.
Las luces urbanas hacen de testigos pero se apagan al alba para guardar su secreto, siempre guardarán silencio para que su sombra vuelva a hacerles cosquillas. No hay cómplices más sorprendentes que los que no ven pero se dejan mirar.
La música despierta a las alcantarillas y se suman al baile desenfrenado de sus pupilas, de los círculos concéntricos que forma la luna y de elefantes rosas que se suman al desfile.
Sus brazos atrapan las sombras de los que osan mirarle con recelo y él teje con ellas un manto que lo oculta de su propia mirada.
Los escaparates reflejan almas en pena que deambulan buscando la salida y su reflejo es un fantasma que transparenta y amenaza con desaparecer detrás de lo que él llama su diversión.
Ríe y ha escapado a una noche más, vomita todo lo que ha dejado atrás y su cuerpo se duerme para empezar otra vez. Cuando la luna se asome y venga a buscarlo, asomada a esa ventana desde la que ve la ciudad que ahora baila sola, sin un triste acompañante que la comprenda como él lo hace.
Sólo él la mira desde la perspectiva de pasos de cebra pintados de colores pastel y semáforos en blanco y negro.
Duermen sus calles hasta que el pateo de sus botas le devuelvan una realidad escondida en barrios marginales, una vida que despierta sólo para los que buscan verla.